BETO EL ALBAÑIL Y YO
Una pareja contrata a un constructor para relaizar trabajaos en su casa y lo que genera en ella la presencia de este albañil te lo cuenta en esta historia que tambien esta en AUDIO.
3/21/20264 min read


Todo comenzó cuando solicité el servicio de excavación para la cisterna de mi hogar en Cuernavaca.
Llegó el dueño de la operadora de la máquina, a quien llamaré Beto, porque estaba teniendo problemas con ella.
Realmente, cuando lo vi por primera vez me impresionó su físico… sus brazos eran muy fuertes y sus manos grandes y gruesas… mi cabecita alocada pensó: «Si tiene así los dedos, ¿cómo será su miembro?
».Ese día arregló la cisterna y conversamos un poco de temas generales y de construcción, pero toda la charla estuve mojada a más no poder.
Me comentó que poseía varias máquinas y camiones, lo cual me impresionó, y también mencionó que tenía trabajadores que se dedicaban a la albañilería por si acaso me interesaba.
Después de unos meses, y con él todo el tiempo en mi cerebro, lo contacté para que me brindara un presupuesto para el piso de mi casa y acordamos encontrarnos en mi hogar para que pudiera ver la superficie. Naturalmente, mi esposo me acompañó y esa vez él tenía que regresar a la ciudad para comprar algunas cosas.
Le dije que me quedaría en casa para no dejarla sola, pero él no me permitió y los trabajadores se quedaron trabajando. Días después, volví para pagarles y recibir el trabajo, pero era un día laboral y mi esposo estaba trabajando, por lo que fui sola sin ningún problema.
En cuanto llegué, los trabajadores me miraron fijamente. Después hablé con Beto y acordamos ir a buscar, a la ciudad, unos talonarios para hacer la boleta de pago, ya que se había acabado.
Dentro de mí sentí que era la oportunidad de estar a solas con él… ¿Cómo haría para no parecer una mujer fácil?, fue lo que me pregunté.
Él me dijo: —¿Tiene problemas en que vayamos en mi moto?
A lo que respondí sin dudar: —Nooo, ningún problema!! Vamos pues! me dijo casi sonriendo.
Decidí que quería jugar un poco, así que me propuse restregarle mis senos en su espalda mientras íbamos en moto. Como no había ningún asa detrás, aproveché para tomarlo de la cintura en lugar de los pantalones y luego fui bajando muy despacio hacia su entrepierna.
No toqué su miembro, solo movimientos sutiles para evitar caerme.
Quería ver su reacción, y al notar que no le disgustaba en absoluto, pensé que me lo daría en ese mismo día.
Llegamos y logramos conseguir talonarios con recibos de pagos. Lo que noté fue que cuando se bajó de la moto caminaba raro… ya que trataba de disimular la erección que yo le había provocado… eso me gustó mucho y me divirtió hacerlo.
Regresamos a la casa donde se realizaba la obra de construcción y en el camino pasó lo mismo… me apoyé fuerte contra su espalda, haciéndole sentir mis pechos que por cierto son grandes, y tomándolo de la cintura y bajando mis manos cada tanto… mientras lo hacía, le decía que me sentía con miedo por caer… a lo que él me decía: —Tranquila… vas bien!
Luego, una vez que llegamos a casa, entramos y le dije que me dejara las llaves en algún lugar para cuando volviera mi esposo, ya que él se fue sin ellas y no le dijo a Beto dónde dejarlas, así que yo le avisaría a mi dulce esposo por teléfono dónde quedarían las llaves.
Él señaló un árbol afuera de la ventana donde podría dejar las llaves, y yo me asomé. Entonces, él se puso detrás de mí y me apoyó su miembro.
Yo me quedé quieta unos segundos y él también… mientras me continuaba apoyando… tiré mi mano hacia atrás y toqué sus piernas… dándole a entender que aceptaba lo que me hacía.
Me di vuelta muy despacio y quedamos frente a frente muy cerca… me tomó la cintura con sus grandes manos y me besó como si no hubiese un mañana y yo le correspondí a esa pasión sin dudarlo y sin culpa… realmente este obrero me excitaba a niveles inimaginables.
Me bajé el cierre de la sudadera y él pudo ver mis grandes senos, lo que lo excitó aún más. Me los tocó de una forma salvaje pero apasionante.
Empecé a mover mi trasero para que su excitación creciera más, ya que quería tenerlo dentro de mí. No resistió más y me volteó hacia la cama y se bajó los pantalones precipitadamente y lo que vi realmente cumplió mis expectativas… su miembro era realmente grueso… tal como me preguntaba cuando vi sus dedos por primera vez. Me puse en cuatro patas y me bajé los pantalones para mostrarle dónde lo metería.
Sin dudarlo, me penetró y yo movía mi trasero en círculos.
No tardó ni 5 minutos y me llenó de semen mientras seguía moviéndome. Fingí, por las dudas, que hablaba por teléfono para que los trabajadores que estaban a unos metros no se dieran cuenta de que me estaba serruchando. Entre los trabajadores allí estaba su hijo y su cuñado, lo que me excitó aún más. Incluso pensé en comentarle que algún día podríamos estar juntos su hijo, él y yo, pero me reservé el comentario.
Nos subimos los pantalones y él salió con tranquilidad. Yo caminaba a su lado y él me dijo en voz muy baja: —Sos hermosa, sos un sueño y no quiero despertar… Eso me conmovió y le dije: —Quiero seguir viéndote. Y así fue: pasó el tiempo y me convertí en la hembra ocasional de él y él se ha convertido en mi amante secreto.
Nos vemos cuando los dos tenemos ganas y tiempo para hacerlo. Espero te haya gustado este relato y no olvides COMPARTIR esta historia. Te invitamos además a seguirnos en Facebook, Twitter o bien seguir recorriendo este blog así estás al tanto de los nuevos relatos y deja tu comentario… tu opinión me ayuda a mejorar. ¡Gracias!!
