EL AMIGO DE PAPÁ
Luego de varios años regresa al pueblo el amigo de su padre , lo que ella nunca imaginó es lo que le iba a pasar con el
3/8/20267 min read


TAMBIEN LA HISTORIA ESTA EN AUDIO QUE LO PUEDEN ESCUCHAR SOLO HACIENDO CLIC , NO ES NECESARIO DESCARGAR NADA , GRACIAS Y ESPERO LES GUSTE
Hola a todos, amigos del grupo de Relatos e Historias Hot.
Espero no ser muy extensa en el relato, pero sentí el deseo de contarles cómo se inició mi historia con uno de los mejores amigos de mi papá.Me llamo Romina y tengo casi 19 años. Mido 1,60, peso 55 kilos y hago bastante actividad física, por lo que, a pesar de ser menuda, tengo un buen físico… al menos eso me dicen mucho.
Bueno, la cosa es así:Pablo, el amigo de mi papi, tiene ahora 55 años. Lo conocí cuando yo tenía 5 o 6 años. Era de venir mucho a casa a cenar junto a mis padres y su señora.
En abril del 2020 perdió a su esposa, víctima del COVID-19. Casi inmediatamente después del fallecimiento, se fue de la ciudad donde vivimos y se radicó en Buenos Aires.Este verano decidió volver a nuestro pueblo a arreglar cosas de la casa que dejó alquilada. Y cuando llegó, casi lo primero que hizo fue venir a saludar a su amigo y su familia… o sea, a nosotros. Justo yo abrí la puerta cuando tocó el timbre y, francamente, no lo reconocí cuando lo vi. Estaba cambiadísimo… pero para bien. Se había dejado el pelo un poco más largo, su físico era más grande, musculoso, macizo. Se notaban horas y horas de gimnasio. En pocas palabras: era un potro de 55 años.
Yo quedé encandilada. No podía dejar de mirarlo. Además, notaba cómo me humedecía con su sola presencia. No lo podía creer. No sabía por qué me pasaba esto, pero él me calentaba a niveles inimaginables. Pasaron un par de días y no lo podía sacar de mi cabeza. Al mismo tiempo me preguntaba cómo podía ser que, en dos años, una persona me gustara tanto después de haberlo tratado tanto tiempo y nunca haberme fijado en él.
La cosa es que me dije a mí misma: ¿qué tiene de malo querer seducirlo? Él está libre, yo también… la vida es una sola y aquí y ahora.Una tarde llegó a casa y justo estaba sola. Como hacía mucho calor, yo estaba vestida con ropa muy liviana: una pollerita de jeans corta y ajustada, y una remerita ajustada que se me notaba todo. Cuando me vio, noté en su mirada algo de deseo, pero como es muy respetuoso, trataba de no mirarme mucho para no incomodarme. Ese gesto de caballero me excitó aún más.Me quedé junto a él esperando que llegara mi papá y conversamos bastante. Yo trataba de que él se diera cuenta de lo caliente que estaba y de que me gustaba, pero sin caer en lo obvio, ya que no quería que pensara que era una putita. Luego de hablar de cosas sin importancia, me preguntó si tenía novio y si mi padre lo conocía. Ahí aproveché para decirle que no tenía novio, que no me gustaban los chicos de mi edad, que prefería mayores, más maduros.
Él se sorprendió gratamente y me dijo sonriendo:—Casi que buscas a alguien como tu padre…A lo que le respondí que sería muy bueno, ya que me sentía cómoda con hombres de más experiencia. Cuando le dije eso, sentí que le calentó lo que le dije y noté cierto nerviosismo en él. Entonces me preguntó:—¿Ya has tenido a un novio maduro?Le dije, poniendo un tono de voz suave, casi tímido… que aún no, y que esperaba que se diera algún día.
En esos momentos escuchamos llegar el auto. Ahí venían mis padres, por lo que la conversación quedó ahí.Pasaron un par de días y no me lo podía sacar de la cabeza. Además, no sabía cómo generar un encuentro a solas con él para ver si podía concretar algo con ese hombre que me calentaba tanto.Y por fin ocurrió un milagro. Mi papá se me acerca una tarde y me dice:—Mira, Romi, no sé si Pablo perdió el teléfono o está sin señal, pero no me contesta los mensajes. ¿Por qué no vas hasta la casa de él y le decís que para la cena de esta noche traiga esas dos botellas de vino que compramos y quedaron en su casa? Por dentro saltaba de alegría, pero con mala gana le dije:—¡Pero papá! Pensaba ir a la casa de Luz…—Bueno —me dijo él—, después que le digas a Pablo, andá a casa de Luz. Total te queda de pasada, no te cuesta nada, nena.—Bueno, dale —dije—. Dame unos minutos que me cambio y salgo.—Gracias, Romi —dijo mi papá.
Fui a mi habitación, busqué una tanga que tengo que se me encaja muy bien entre las nalgas, una blusita, me saqué el corpiño, me puse un buen perfume y listo. Empecé a caminar esos 200 metros que me separaban de la casa de Pablo. Mi corazón latía a mil. Sentía que estaba completamente mojada. Rogaba que él estuviera en su casa.Llegué, toqué el timbre, esperé… y salió él. Estaba con el torso desnudo, usaba una bermuda y me dijo sorprendido, mientras me miraba de arriba abajo:—¡Eh, Romina! Qué sorpresa. Pasá, por favor. Justo me encontrás preparando limonada y jugos de fruta… ¡Ummm, qué rico! Pasa, que te invito. ¡Dale!—Gustosamente —dije.Fuimos a la cocina y en el trayecto le di el pequeño mensaje de mi papá con respecto a los vinos. Él dijo:—Ah, sí. Son muy buenos vinos… ¿A vos te gusta el vino?—No acostumbro a tomar —le dije y agregué—: ¿Querés que te ayude a preparar la limonada y los jugos?—Dale —me dijo.
Nos pusimos uno al lado del otro a tocar las frutas y, en un momento, nos tocamos las manos. Juro que fue sin querer, pero me salió como un quejido o suspiro… no sé cómo describirlo.
Él también comenzó a respirar más rápido y ambos estábamos en silencio.En un momento, con la excusa de tomar una naranja que estaba de su lado de la mesada, pasé mi cuerpo por delante del suyo y tiré hacia atrás suavemente mi cola… para que me apoyara su cuerpo. Y lo sentí.
Nos quedamos quietos un momento, cuerpo con cuerpo, pegados y apoyados contra la mesada.Suavemente me dio vuelta y me dijo:—Qué hermosa sos…Puse mis dos manos en su cintura, mirando hacia arriba, ya que mi cabeza llega a su pecho… como dije antes, es bastante alto.Él puso una pierna entre las mías, me agarró con sus manos enormes la cara y me besó.
Sus labios son bien gruesos y su lengua también. Bajó una mano y me tocaba bien la cola, levantando la pollera.—Uh… —decía yo, mientras dos de sus gruesos dedos pasaban por encima de mi mojada concha.Le pasé la mano por encima de su bermuda y sentí su bulto enorme y bien duro.Empezó muy despacio a sacarme mi blusa, volvió a besarme mientras yo le tocaba más y más su bulto. Quedé mirándolo en bóxer. Era una bestia: piernas grandes y duras, pecho bien grande y con pelos, un cuerpo macizo… y su verga se notaba por encima de su ropa interior, bastante grande también.Me sacó toda la ropa y me besó las tetas.
Se sacó el bóxer y le agarré su pija con las manos. La cabeza me asustaba: era ancha, su tronco bien venoso y sus huevos me enloquecieron. No tuve ni que arrodillarme.
Me incliné y se la chupé. Le pasé la lengua por todos lados, acariciaba su cuerpo mientras él me tomaba de la cabeza y me la metía todo lo que podía en mi boca.—Ahh… ahh… —suspiraba y gozaba.Me dio vuelta, me puso contra la mesa y me dijo:—Qué hermosa cola que tenés, pendeja…Me decía y la abría con sus dedos.
Se agachó un poco y me penetró. Empezó despacio y cada vez más fuerte. Me tapaba la boca para que no se escucharan mis gemidos. Me agarraba con las manos de la cintura y me la hundía cada vez más. Sentía en mi concha una hermosa verga que me llenaba totalmente.
Me cogía como una bestia. Empecé a sentir en mi pierna cómo caían mis fluidos de lo caliente que estaba. Acabé dos veces y él seguía. Me besaba desde arriba agarrando mis pechos, pasando sus manos por mi panza, acariciando mi cola. Él estaba recaliente con mi cuerpo y lo disfrutaba. Notaba cómo aguantaba las ganas de acabar.Me empujé de la mesada hacia atrás y lo llevé contra la pared.
Tiré mis brazos hacia atrás tomándolo de sus piernas enormes y le empecé a dar culazos en su pija, metiéndomela toda. Él se agachó más y se quedó quieto. Agarró una silla, abrió sus piernas y me sentó en su enorme verga. Cerré mis piernas, agarrada de las de él, y salté varias veces en él hasta que sentí cómo me llenaba con su leche.—Ahh… ahhh… —gozábamos juntos.
Quedé acostada sobre su pecho y él besándome. Yo sentía cómo su verga todavía latía dentro mío. Fue un polvazo. Me sentía llena totalmente.Le dije suavemente, y para su tranquilidad:—Papá no tiene que saber de esto…Él me dijo:—Estoy de acuerdo con vos. No lo tomaría muy bien, me parece.Luego de un rato más de mimos y cariños, nos despedimos hasta la noche de la cena en casa.
Durante la cena en casa ni nos miramos casi… no queríamos delatarnos, ya que parece que nos comíamos con los ojos.Lo que pasó los días siguientes que le quedaban a él en la ciudad fue increíble. Cogíamos todos los días. Yo, con la excusa de ir a ver a mi amiga Luz, pasaba por su casa y nos matábamos haciendo el amor.
De solo recordarlo ahora, mientras escribo este relato, se me humedece toda.Él ahora volverá en julio, en vacaciones de invierno. Por ahora solo por videollamada… que son muy calientes. De solo pensar en su cuerpo y en su miembro me empieza a latir la cola, la cual creo que se la entregaré cuando vuelva. Ya les contaré seguramente. Espero les haya gustado este relatoescrito y el audio o podcast, gracias
