LA PROFESORA HOT
ET-STA HISTORIA LA PODES ESCUCHAR O LEER . Su vida dio un vuelco importante cuando inicio su trabajo de profesora
3/12/20264 min read


Esta es la historia de la primera y, hasta hoy, única vez que le fui infiel a mi marido.
Héctor y yo no teníamos una buena relación últimamente. Hacía años que estaba muy distante conmigo. Ya no me abrazaba casi nunca, ni mucho menos me besaba.
Las pocas veces que nos besábamos era porque yo se lo pedía, y eran besos fríos, con los labios arrugados, sin ganas.En cuanto al sexo, aunque seguíamos manteniendo relaciones sexuales, eran muy aburridas.
Básicamente consistían en que yo me tiraba en la cama con las piernas abiertas y solo dejaba que me penetrara.Las relaciones sexuales entre Héctor y yo siempre habían sido aburridas en general.
La secuencia era siempre la misma: acordábamos el día y la hora, llegaba el momento, me quitaba la ropa, él se quitaba la suya, me abría de piernas y directamente me metía su pene en la vagina.
Cabe aclarar que Héctor tenía un pene normal: tan grueso como una salchicha y no debía medir más de 12 centímetros, al principio de nuestra relación, yo solía fingir los orgasmos. Gritaba como las mujeres de las películas porno, aunque en realidad no sentía prácticamente ninguna excitación.
Todo cambió cuando empecé a trabajar como profesora en una escuela secundaria. Allí conocí a Matías. Era un hombre muy atractivo, mucho más que mi marido: más culto, más inteligente, más seductor. Tenía 53 años, pero aclaro que yo, en un principio, estaba muy enamorada de mi marido. Tengo 34 años y, a pesar de la diferencia de casi 20 años con Matías, hubo una conexión inmediata entre nosotros.
El tiempo pasó normalmente y fui conociendo cada vez más a Matías. Era muy bueno conmigo, muy divertido y me trataba excelente. No pasó mucho tiempo hasta que empezamos a salir juntos: primero con unos almuerzos inocentes, después a tomar algo.
A mi marido le decía que los profesores teníamos que quedarnos más tiempo por consultas de alumnos o por reuniones de personal. Obviamente, Héctor me creía: ya sea porque no le interesaba o porque no sospechaba nada. Para el caso era igual, porque yo la pasaba muy bien con Matías.
Una de las veces que salimos a tomar algo empezamos temprano, alrededor de las 18 horas. A las 21 ya me había tomado varias cervezas. Como estaba un poco borracha, Matías me invitó a tomar café a su casa y yo acepté. Obvio que ya le tenía muchas ganas, aunque nunca imaginé que esa noche iba a cruzar el límite.
Apenas llegamos a su casa (que quedaba cerca del colegio donde trabajábamos), me preparó el café rápidamente. Nos quedamos charlando muy cerca uno del otro y, entre risas, nos acercamos demasiado. Él no dudó y me besó. Apenas sus labios tocaron los míos, sentí una adrenalina y una pasión que no sé si había experimentado antes.A los minutos de besarnos, metió su lengua en mi boca con unos movimientos que me volvieron loca. Mis fluidos vaginales empezaron a salir como si se hubiera abierto una canilla.
Estaba tan excitada que lo agarré del pelo y lo besé con verdadera pasión; era tanta que temía que se notara en mi respiración agitada. No aguanté más: me saqué la remera, luego el corpiño.
Él empezó a acariciarme los pechos como nunca antes me habían tocado: movimientos circulares alrededor de las areolas hasta llegar a los pezones, que ya estaban durísimos.Después comenzó a besarme el cuello y bajó lentamente hasta mis pechos. Los besó y los lamió como si fueran mamaderas.
Para ese momento estaba excitadísima. Me desabroché el pantalón, me quité la bombacha (que estaba completamente empapada; los fluidos colgaban como baba) y le desabroché el pantalón a él.Vi su bóxer y me gustó lo que se insinuaba, pero mucho más me gustó lo que vi después: un pene de unos 17 cm, casi tan grueso como un chorizo. Me volvió loca. Inmediatamente se lo empecé a chupar, algo que nunca le había hecho a mi marido (pero él no tenía algo tan chupable como la verga de Matías).
Luego me acostó en la cama e hicimos un 69. Era increíble cómo me chupaba la vagina: recorría con la lengua mis paredes vaginales y después se concentraba en mi clítoris. Yo estaba en extasis. Me puse en posición de perrito.
Él se puso un preservativo y, apenas me metió esa tremenda verga gruesa, grité de placer genuino, como nunca antes. Empezó a penetrarme primero suavemente y luego con más fuerza y velocidad. Por momentos la metía hasta el fondo y se quedaba quieto; nos quedábamos completamente encastrados. Yo me sentía totalmente llena de él, no sé cuánto tiempo estuvimos así, pero ahí descubrí que era multiorgásmica. Nunca había sentido algo igual.
En un momento le pedí que la sacara, estiré la mano hacia atrás y le quité el preservativo. Quería sentirlo completamente; mi nivel de calentura había llegado a límites que nunca había alcanzado.
Cuando él eyaculó, lo hizo dentro de mí. La cantidad de semen que soltó rebalsó mi vagina caliente. Nos quedamos tirados en la cama, él encima mío y su miembro todavía dentro. A pesar de haber acabado, sentía cómo latía en mi interior…Desde entonces nos veíamos todos los días después del trabajo.
Me hacía lo que quería y yo no podía (ni puedo) resistirme a sus deseos. Casi me he convertido en su esclava del placer…Más adelante les contaré otras cosas que hemos hecho.
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