LA PROPUESTA DEL PATRON DE MI MARIDO
AL INICIO TAMBIEN PODES ESCUCHAR la primer parte y la segundda en audio video SOLO HACIENDO PLAY SIN DESCARGAR NADA. En medio de una crisis laboral, un empleado recibe una propuesta de su patrón para conservar su trabajo...ACEPTARA???
3/10/202610 min read


AL INICIO ESTA LA HISTORIA EN VERSION AUDIO , en dos partes , SOLO DALE AL PLAY Y PODRAS ESCUCHAR Y ESPERO TE GUSTE... y gracias por tu visita...
Hola, soy una mujer casada de 29 años. Hace 7 que estoy en pareja con Martín. Él trabajaba en una conocida casa de venta de electrodomésticos en Argentina. Con el inicio de la pandemia, el negocio se vio fuertemente afectado: las puertas permanecían cerradas y las ventas cayeron a cero. Ante esta crisis, la empresa comenzó a recortar personal y a reducir los ingresos de los empleados que se salvaban. Esa era nuestra frágil situación económica cuando comenzó a desarrollarse esta historia.
Un día, decidí regalarle a mi esposo una fotografía mía muy sensual, una imagen de la cual él estaba muy orgulloso y terminó colocando sobre su escritorio en el local. Todo marchaba dentro de lo normal hasta que, una tarde, uno de los socios principales de la cadena visitó la sucursal para evaluar los recortes necesarios. Al parecer, cuando sus ojos se posaron en mi foto, quedó completamente impactado; a partir de ese instante, una extraña obsesión comenzó a germinar en su mente respecto a mi marido y, sobre todo, respecto a mí.
Pocos días después, el dueño regresó para ejecutar los despidos en persona. Llamó a los empleados uno a uno para darles la mala noticia con total frialdad, ofreciéndoles indemnizaciones mínimas y desafiándolos a ir a juicio si no estaban conformes. Cuando le tocó el turno a mi marido, el mundo se nos vino abajo. Estábamos ahogados en deudas: tres años antes habíamos adquirido un crédito UVA para comprar nuestra casa, una cuota que mes a mes crecía de forma insostenible debido a la inflación. Al escuchar que perdería su empleo, Martín comenzó a suplicarle con lágrimas en los ojos que no lo dejara en la calle, recordándole que perderíamos nuestro hogar.
El jefe lo observó en silencio durante unos largos segundos, con una sonrisa calculadora en el rostro, y le soltó una frase lapidaria:
—Bien, vos lo dijiste… te puedo pedir lo que sea.
Mi marido, desesperado, asintió sin dudar. Y entonces, su patrón le clavó la mirada y le lanzó la propuesta más oscura:
—Mira, he visto la foto de tu mujer y desde que la vi quiero conocerla. Si me la presentás, el trabajo de tu casa y tu puesto están seguros.
Martín se quedó completamente helado, atrapado en una encrucijada imposible.
. Su jefe agregó:
—Pensalo… solo una cena y vemos. Si ella quiere, podemos ir más lejos y cuanto más lejos lleguemos, mejor para vos. Lograrías una segura estabilidad laboral y otros beneficios. Ya te dije, pensalo. Háblalo con ella y ustedes decidirán. En dos días vuelvo a la sucursal y me das tu respuesta… pensalo, es solo negocio.
Mi marido salió mudo de esa oficina, consoló a sus compañeros que desesperados no sabían qué hacer ante el despido y luego llegó a casa.Cuando lo vi entrar, noté que estaba pálido. Lo saludé y le pregunté:
—¿Todo bien?
Él me respondió:
—Sí, todo bien. Me voy a dar una ducha y te cuento. Esperé a que saliera y comenzó a contarme lo que ocurría en el negocio. Yo entré en pánico cuando me dijo que posiblemente lo despidieran. Le dije enojada:
—¡Te dije que no nos metiéramos en ese crédito UVA! ¡El banco no está cogiendo de parado! Pero vos sos más cabezadura… ¿Y ahora qué vamos a hacer? ¡Vamos a perder la casa… todo porque vos creías que el presidente Macri nos llevaría al primer mundo! ¡Sos un pavote!—Hay una solución —me dijo.
—¿Cuál? —pregunté casi a los gritos.—Uno de los socios de la empresa quiere conocerte, ¿entendés?Alterada y confundida como estaba, pregunté:
—¿Cómo?
—Sí —me dijo él—, quiere conocerte, cenar con vos y, si llegan a algo, me dejarían en el trabajo y me ofreció más beneficios. Me dio dos días para que lo pensemos.—Pero ¿él cómo me conoce? —pregunté intrigada.
Él miró la foto que me diste. Yo la tenía en el escritorio y me dice que no deja de pensar en vos desde que te vió.
Al escuchar esas palabras, un extraño cosquilleo recorrió mi cuerpo.
No sé si me excitó o qué, pero sentí algo.
De vergüenza salí del comedor y me dispuse a darme una ducha para aclarar mis ideas y acomodarme ante esta situación.Mientras me duchaba, algo extraño sentía. En realidad sabía lo que sentía… estaba caliente, pero me enojaba conmigo misma diciéndome que era una locura todo esto.
Salí de mi habitación cambiada de ropa. Mi marido había preparado algo de cenar y nos dispusimos a comer… lo hicimos en silencio, un silencio que aturdía. Solo notaba cómo respiraba Martín, algo más rápido que lo normal. Le pregunté si se sentía bien y él me respondió que sí.Luego de la cena fuimos a dormir y noté que tenía el bulto durísimo. Yo, como él, estaba también muy caliente. Nos comenzamos a besar desesperadamente… y me decía al oído si me calentaba la idea de coger con otro. Yo le respondí que sí, me excitaba la idea. Él me dijo:
—A mí también me calienta la idea de que te coja otro tipo. Y empezamos a hacer el amor como hacía mucho tiempo no lo hacíamos… estábamos hirviendo de calentura.
A veces teníamos esa fantasía de hacer un trío o de que él mirara mientras otro me cogía, pero quedaba ahí, en fantasía. Ahora, con esta propuesta que le habían hecho… dependía de nosotros decidir si la cumpliríamos o no.Luego del polvazo que nos pegamos, ya más tranquilos, comenzamos a hablar de esta nueva situación.
Él me confesó que casi que puso mi foto en su escritorio porque cada vez que alguien halagaba mi cuerpo o mi belleza, él se calentaba imaginando que ese que me admiraba me cogía.Yo le dije:
—Pero mirá que una cosa es imaginarlo y otra hacerlo realmente… ¿estás dispuesto y te calentaría estar presente mientras te cogen a tu mujer?Él me miró y me dijo:
—Sí… ¿y vos? —Sí —le respondí algo tímidamente, para no decepcionarlo si decía lo que realmente sentía: que eran unas ganas terribles de probar otra pija delante de él—. Además, lo haríamos por algo que nos beneficia, además del placer, ¿no te parece?—Sí —dijo él, y noté cierto entusiasmo en su tono de voz.
—Bueno, pero si lo hacemos que sea en un lugar seguro —dije—. Que sea aquí en casa. Aparte, lo hacemos para pagar la deuda de ese crédito maldito y por esta vivienda, pero solo lo haré si él me gusta. ¿Estás de acuerdo?Martín dijo:
—Sí, estoy de acuerdo.
Aldía siguiente, y previo a ese encuentro con uno de los socios de la empresa de electrodomésticos, los dos estábamos extraños. Lo raro es que no nos sentíamos mal ni con culpa; más bien estuvimos como excitados todo el tiempo.Tal como lo había dicho, al segundo día apareció el dueño. Llamó a mi marido, lo hizo pasar a la oficina de la gerencia y le preguntó firmemente:
—¿Y? ¿Decidieron qué hacer?Mi esposo dijo:
—Sí, lo hemos decidido, pero solo si a mi esposa le agrada su presencia. Ella no hará nada si usted no le gusta.El tipo mostró una sonrisa y dijo:
—Estoy de acuerdo… ¿dónde será el lugar? —En mi casa —dijo Martín con un tono de voz que pretendía ser firme.
—¿Te parece el sábado a las 9 de la noche? —preguntó su jefe. Martín estuvo de acuerdo. —Muy bien, así quedamos —dijo el jefe—. Y quedate tranquilo: tu trabajo está asegurado.
Martín se retiró de la oficina y después me confesaría que se fue totalmente con la pija dura de esa reunión.Llegó ese día y estuvimos, no solo ese día sino todos los días previos, realmente muy calientes. Este nuevo mundo en el que estábamos entrando era muy erótico y excitante. Por iniciativa mía compré algo de ropa sensual y, cuando Martín la veía, se calentaba aún más…Bueno, llegó el momento.
Ese sábado, puntualmente a las 21 hs, sonó el timbre de casa… era él, el que venía a cogerme.¿Cómo sería él? ¿Me gustaría? ¿Saldría todo bien? Esas y un montón de preguntas más aparecían en mi cabeza. Mi marido abrió la puerta y lo vi… realmente me impresionó su porte. Era alto, 1,80 más o menos, cuerpo bien formado, unos 80 kilos aproximados. Se notaba que hacía pesas o ejercicios. Las facciones en su cara eran duras… su voz era grave, de buen tono y volumen… y sus manos eran grandes y fuertes. Realmente, para sus poco más de 52 años, se mantenía muy bien.
Me saludó muy amablemente, se presentó con su nombre:
—Mucho gusto, me llamo Gregorio. —Cecilia —respondí. Nos dimos un beso en cada mejilla y, para mi sorpresa, había traído un ramo de rosas rojas, las cuales agradecí mucho ya que me encantan las rosas. Bueno, pasamos al living y los tres comenzamos a charlar de temas superficiales hasta que mi marido, quien había cocinado, dijo:
—Bueno, pasemos a la mesa…Así lo hicimos.
Cenamos y realmente lo hicimos muy cómodos. Gregorio, a pesar de su apariencia de tipo duro, era muy divertido. Hablamos de muchas cosas, menos de sexo. Nos contó anécdotas, de las cuales tenía miles. Bebimos vino y así transcurrió la cena en un ambiente muy agradable para todos.Luego Gregorio preguntó sobre qué música nos gustaba. A lo cual dije que me gustaba la música de los 90. Él me respondió:
—Uh, qué buen gusto tenés. ¿Y vos, Martín, qué música te gusta? Mi marido le dijo:
—A mí me gusta de todo… escucho de todo.Gregorio sacó un pendrive y dijo:
—Acá tengo temas que escucho en el auto… es toda de los 90. ¿Querés ponerla en tu equipo?—Sí, claro —dije y me acerqué.
Nos rozamos las manos al darme el pendrive. Casi se me escapó un pequeño jadeo o suspiro, no sé cómo explicarlo, pero él me gustaba demasiado y casi no lo podía disimular. Aparte, él llevaba muy bien la situación y, a pesar de que estábamos en nuestra casa, dominaba todo.Puse la música y efectivamente eran temas de los 90, pero lentos o no tan lentos.
Él preguntó:
—¿Les gusta bailar? —Sí, claro —dijimos. —Bailen, chicos, mientras preparo unos tragos.Y así lo hicimos. Martín y yo estábamos muy calientes y comenzamos a bailar muy apretados… y a besarnos.
Luego Gregorio se acercó con unos tragos que había preparado y preguntó si yo quería bailar con él. —Sí —respondí. Mi marido se retiró con su trago y se sentó en uno de los sillones a mirarnos, y lo hizo muy tranquilo.Bailamos… y Gregorio me apretaba contra su pecho.
A medida que lo hacía, yo me mojaba más y más. Sus manos y brazos fuertes me rodeaban y me tomaban de una forma que realmente me gustaba mucho. De pronto nuestras bocas se acercaron y comenzamos a besarnos, pero lo hicimos apasionadamente.
Por un momento miró a mi marido y él se estaba tocando el bulto. O sea que, para ese momento, los tres realmente lo estábamos pasando muy bien.Seguimos bailando y tocándonos todo al mismo tiempo… él me tocaba las nalgas, las tetas, todo de mí… y yo sentía cómo su pene había endurecido, ya que lo apretaba contra mi cuerpo.
Yo ya no daba más de la calentura y salió algo de mi boca… algo que nunca le había dicho a ningún hombre. Le dije totalmente entregada:
—Quiero que me cojas.
Él me miró dulcemente y me llevó a mi habitación. Pasamos junto a mi marido que se estaba pajeando, le di un beso y seguí. Me puse en la cama, le bajé el pantalón y salió a la luz frente a mi cara su verga. Era hermosa… bien formada, venosa, gruesa, de unos 17 cm… y con un aroma que me excitó aún más.
Sentí que se me hacía agua la boca… necesitaba chuparla y así lo hice, casi con desesperación. Nunca había sentido esa necesidad de ponerme una verga en la boca de esa forma… pero lo hice y lo disfruté.Luego de un rato de chupársela… me dio vuelta, me sacó la ropa, corrió mi tanga y, para mi sorpresa, comenzó a chuparme la cola… ¡Por Dios! La forma en que me metía su lengua en mi agujerito era lo más increíble que había sentido. Nunca me habían chupado así… Luego siguió con mi vagina.
Para ese momento había perdido la noción del tiempo… no sé cuánto fue, pero me chupó como nunca me habían chupado.Luego abrió mis piernas y me penetró, y lo hizo muy suavemente. Sentí que me llenaba toda mi interior… su pene era grueso y vigoroso, realmente me sentía llena. A continuación me puso en cuatro patas y me sacudió mucho más fuerte.
Fue en esa posición que lo vi a mi marido parado en la puerta, sin los pantalones, masturbándose a más no poder.Luego cambiamos de posición y yo fui arriba… no quería parar de devorarme semejante pedazo que me estaba comiendo y así lo hice. Como quería sentir más… le saqué el preservativo a Gregorio. Quería sentir su semen dentro mío y así fue. La acabada que me pegó me llenó totalmente de leche… era impresionante cómo acababa.
Cuando lo hizo, quedamos tirados abrazados en la cama por unos minutos. Me preguntó si me había gustado y le dije:
—Hasta esta noche no sabía que era posible tener más de un orgasmo…Él solo sonrió un poco y me dijo:
—Sos hermosa.
Nos levantamos y fuimos al living donde mi marido esperaba. Nos dimos un beso apasionado y Gregorio nos dijo que debía retirarse mientras mi marido y yo nos besábamos. Gregorio se fue y nosotros fuimos al sillón… queríamos cogernos.
Fue hermoso.
Mi marido, de la calentura que tenía, ni cuenta se dio de que yo tenía la concha llena de leche de su patrón. Y así terminó esa noche de pasión y negocios.
Pasó el tiempo y mi marido se quedó sin trabajo igual, porque la cadena de negocios de venta de electrodomésticos se fundió, así que echaron a todos. A nosotros nos cambió la vida matrimonial.
Entramos a este mundo por negocios y nos quedamos por placer… pero por un placer rentado. Ya que, como Martín no tiene trabajo estable, la que sostiene la casa soy yo. ¿Y cómo lo hago? se preguntarán… Muy simple: juntamos placer y negocios.
Abrí un perfil en sitios de citas y ofrezco mis servicios VIP a personas de alto nivel o ejecutivos.
Mi marido me cuida mientras disfruta de sus gustitos por ver a su mujer cómo la cogen, y yo cobro muy bien por esos servicios que doy y que además disfruto.
Eso sí, elijo muy bien a mis clientes. Algunas veces aparece Gregorio… pero ahora como cliente.
ESPERO LES HAYA GSTADO Y LOS INVITO A RECORRER LA PAGINA ASI VEN Y ESCUCHAN MAS RELATOS SOLO DEBEN IR A LAS TRES RAYITAS ARRIBA A LA DERECHA , HACER CLIC Y ENTRAR EN LA PARTE DE BLOG DE CONFESIONES ...GRACIAS!!!
