La salida con mi marido y sus amigos
En una salida nocturna con su esposo y sus dos amigos (Omar, casado, y Julián, soltero), la tensión sexual es inmediata. Un juego de roces prohibidos bajo la mesa escala rápidamente en estas confesiones secretas AL FINAL ENCONTRARAS EL AUDIO POR SI PREFIERES ESCUCHARLO
TRES NO SON MULTITUD
11/30/20255 min read
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Hace cinco años que contraje matrimonio. Siempre me consideré, o al menos solía ser, una mujer de temple tranquilo y previsible. Jamás crucé los límites del compromiso con mi marido, a pesar de que su carácter posesivo y sus celos irracionales transformaban la convivencia en un persistente motivo de desgaste. Constantemente me sometía a reproches infundados por escenarios que solo existían en su imaginación. Esa presión constante, sostenida a lo largo del tiempo, terminó por agotar mi paciencia y, paradójicamente, sembró en mi interior un extraño deseo: hacer algo que al menos justificara tanta paranoia injustificada.
Así se gestó el punto de inflexión que hoy comparto con ustedes: la génesis de mi primera transgresión, aquella noche en la que salimos los tres, acompañados por sus dos amigos.
Habíamos planeado con antelación cenar en un restaurante dotado de pista de baile, en compañía de un par de colegas suyos. En principio, la asistencia incluía a las parejas de ambos. Omar, el miembro casado del grupo, y Julián, el eterno soltero habituado a la rotación constante de novias. Para esa ocasión en particular, mi esposo me exigió de manera imperativa que vistiera un atuendo específico: un vestido blanco de corte moderado, apenas por encima de la rodilla, complementado con pantimedias en tono natural. Aunque jamás me he percibido como una belleza sobresaliente, sé perfectamente que al arreglarme con esmero capturo las miradas ajenas al caminar.
De los dos amigos, Omar cargaba con las responsabilidades de una esposa de unos cuarenta años y dos hijos. Sin embargo, cada vez que las circunstancias lo dejaban a solas conmigo, desplegaba una insistente batería de cumplidos y halagos. Era evidente que mi presencia no le resultaba indiferente.
El plan inicial consistía en pasar a recogerlos cerca de la estación de metro Universidad alrededor de las ocho de la noche. Al llegar al punto de encuentro, comprobamos que estaban listos, pero con una modificación sustancial: se encontraban completamente solos. La coartada fue la de siempre, formulada con absoluta naturalidad: “Ellas decidieron no acompañarnos a último momento, así que tanto mejor para nosotros; la noche es nuestra para divertirnos”.
Una vez instalados en el local, el personal nos asignó una mesa en el sector posterior, apartada de la pista de baile debido a la saturación del establecimiento. No tuvimos más alternativa que aceptar la ubicación. Mi esposo quedó sentado justo a mi espalda. Desde los primeros minutos, alcancé a percibir por elrabillo del ojo que la atención de Omar estaba fijada de manera obsesiva en mis piernas, un atributo que él mismo se encargaba de ensalzar con la mirada.
El calor dentro del salón era sofocante. Tras transcurrir un lapso prudencial, decidí deshacerme de la chaqueta. Al liberarme de la prenda, mi piel reaccionó de inmediato tanto a la temperatura ambiente como a la intensidad de las miradas masculinas que me rodeaban, una turbación física que probablemente se evidenciaba más de lo que yo misma deseaba admitir.
Consciente del interés latente de Omar, comencé a propiciar situaciones de cercanía de forma calculada, cruzando a escasa distancia de su lugar y extremando las precauciones para no despertar las sospechas de mi marido. En determinados instantes de la velada, percibí cómo la mano de Omar avanzaba sigilosa por debajo de la cubierta de la mesa, rozando tenuemente mis muslos. En lugar de apartarme o emitir una señal de alerta, opté por contenerme y guardar silencio, aceptando las reglas de un juego peligroso.
Para que mi esposo no se diera cuenta de este juego que había comenzado con su amigo, trataba de abrazarlo y acercarme demasiado a él, y claro, mi esposo se sentía confiado y seguro de mí. Después de algunas copas, me dieron ganas de ir a bailar y en algunas ocasiones mi esposo estaba de acuerdo, pero cada vez que él no quería, sus amables y dispuestos amiguitos no dudaban en invitarme a hacerlo; De hecho, el primero en sacarme a bailar fue Omar, y mi esposo estuvo de acuerdo.
Justo en uno de esos bailes se me acercó mucho al oído para decirme que estaba preciosa, que ese vestido me quedaba divina y que el hecho de haberme rozado con su miembro las veces que pasaba cerca de él lo tenían bastante excitado.
Cuando regresábamos a nuestro lugar, me tuve que detener porque una pareja no nos permitía el paso; Algo habían tirado y justo en ese momento se pusieron frente a nosotros. Por la inercia, Omar se pega detrás de mí y de manera premeditada mete su mano por debajo de mi falda hasta agarrarme las nalgas. Me dice: "Sé discreta, no hagas nada, si no tu marido se va a dar cuenta y se va a encabronar contigo y conmigo". La verdad es que con las copas, el ambiente, el calor y esas manoseadas ya estaba yo también bien calentita . No dije nada, al contrario, cada vez que podía me acercaba tanto a él que mi esposo se comenzó a dar color.
Fue al baño mi esposo y me dice Omar: "¿Quieres que se duerma un rato? Y nosotros nos podemos divertir". Le dije: "Pero no inventes, no va a querer irse y dejarme sola". Me dice: "No te preocupes, espérame un segundo". Se fue y me quedé sola con Julián. Enseguida llegó a mi esposo y seguimos bebiendo.
Cuando llegó Omar me dijo: "Distrae un segundo a tu esposo"; Entonces lo saqué a bailar y de regreso, seguimos tomando. No habían pasado ni 30 minutos y me dice mi marido: "¿Sabes qué? Me duele tremendamente la cabeza, yo creo que mejor nos vamos". Salimos del lugar y Julián se ofreció a pagar la cuenta. Cuando pedimos al Valet Parking el coche, Omar fue quien se ofreció a manejar, pues mi esposo estaba completamente noqueado. Subimos al coche, pero no fuimos a casa; Tomó en dirección a Tlalpan y ya estando en la calzada se metió al primer hotel que encontró.
Yo ya entendía cuál era la situación y la verdad es que me debía llevar. Pagó un cuarto y Omar recibió la llave, me tomó de la mano, me llevó hasta la habitación y Julián me tomó de la otra. Entramos, Julián prendió la tele y Omar me recostó en la cama, me quitó los zapatos y me abrió de piernas. Solo me levantó la falda y sin quitarme las pantimedias me lamió la panocha que estaba ya muy mojada. Cuando me di cuenta, Julián estaba frente a mí con su verga bien parada y pelada. Sin pensarlo mucho, la tomé con mi mano y me la llevé a la boca.
La tenía bien babosa , pero bien sabrosa, su líquido pre-seminal sabía rico. Después de unos momentos, me levanté, me quité la ropa, Omar me puso en cuatro patas y me dejó su verga dentro de mí de una sola estocada, mientras tanto yo seguía mamándole la verga a Julián.
Cambiaron de posición ellos, yo me quedé igual. Cuando se la mamé a Omar se vino en mi boca e hizo que me tragara todo su semen . Julián se vino dentro de mí, el muy cabrón .
Nos cambiamos y nos fuimos. Nos llevaron a casa y me ayudaron a cargar a mi esposo quien estuvo dormido como bebé todo el tiempo, en el asiento trasero del auto.
La velada estuvo deliciosa y acordamos que se volvería a dar, solo que ahora son ellos quienes van a decidirlo. Yo, como su hembra , estará a su disposición. El cornudo de mi esposo sigue pensando en que le dieron bebida adulterada y que mejor iríamos a otro lugar.
Lo más extraño y paradójico es que mi marido ahora no es más celoso ni me hace escenas para nada.e mi publicación
