Mi marido se durmió borracho y le fuí infiel.

AL inicio DE LA HISTORIA ESTA EN VERSION AUDIO. Una invitacion para celebrar el dia del trabajo , termina de la mejor manera para su amigo y la esposa.

CONFESIONES DE INFIDELIDAD

11/26/20255 min read

CLIC EN EL AUDIO VIDEO PARA LA SEGUNDA PARTE

Hoy les vengo a contar cómo le fui infiel a mi esposo, estando él completamente ebrio en nuestra propia casa. Fue un fin de semana anterior al Día del Trabajador. Decidimos hacer una reunión en casa con compañeros de trabajo, tanto de él como míos. Preparamos una parrillada en el patio. Los amigos fueron llegando de a poco. Éramos más o menos diez invitados. Algunos ya se conocían, otros se estaban presentando esa misma noche, porque mis compañeros y los de mi esposo no se trataban entre sí. La noche empezó tranquila. Hablábamos, reíamos, comíamos y bailábamos. La música sonaba fuerte y el ambiente se sentía alegre. Las bebidas no faltaban y, a medida que pasaban las horas, las conversaciones se volvían más sueltas y las risas más fuertes. Cerca de las dos de la mañana varios ya estaban bastante ebrios. Yo había tomado, pero decidí controlarme. Quería estar presente y disfrutar sin perder el control.Alrededor de las tres, la mayoría se había ido. Solo quedábamos cinco personas en la casa. Mi esposo estaba completamente borracho. Se había quedado dormido en el sofá, todavía con la copa en la mano, sin enterarse de nada de lo que pasaba a su alrededor.Yo seguí bailando. Me sentía mareada, pero no por el alcohol, sino por una mezcla de calor, música y una extraña libertad que empezaba a crecer dentro de mí. Bailaba con un amigo de mi esposo, un hombre de unos cuarenta y cinco años, quince años mayor que yo. Al principio solo conversábamos mientras nos movíamos al ritmo de la música. Poco a poco, sus manos empezaron a recorrer mi espalda con más seguridad. Bajaban despacio y se posaban en mi cintura, acercándome a su cuerpo.Noté cómo su respiración se volvía más pesada. Me apretaba contra él con una intención clara. Su cuerpo estaba tenso y yo podía sentir el calor que desprendía. A un lado, dos de mis compañeros de trabajo bailaban muy cerca uno del otro. Se besaban con ganas y se acariciaban sin disimulo. Escuchar sus suspiros y verlos tan entregados me removió por dentro. Una ola de deseo me recorrió el cuerpo de forma inesperada.Ya no podía seguir fingiendo que no pasaba nada. Tomé de la mano al compañero de mi esposo y lo guié hacia el pasillo. El corazón me latía fuerte. Sentía la piel caliente y una necesidad urgente de estar a solas con él, de sentir su cercanía sin testigos. Crucé el umbral de mi habitación con él detrás de mí. Cerré la puerta despacio.

Entramos y nos tiraremos a la cama. Bajé mi tanga y subí mi falda. Me subí sobre él y movía mi cuerpo sobre su pene, duro aún entre sus pantalones. Él me miró y me agarraba de las caderas, haciendo que nuestros cuerpos se juntaran más y haciendo más fricción en nuestros sexos. Me levanté un poco, bajé el cierre de su pantalón y saqué su pene. Lo miré, asombrada de ver el tamaño que tenía y una pequeña curva. No le di tiempo y me sentí sobre su pene, introduciéndolo de una sola vez. Apenas entró, me quedé quieta sintiendo cómo era inundada por tan excelente pene. Comencé a mover las caderas de forma circular, sintiendo cómo tocaba todo dentro de mí. Me levanté un poco y él comenzó a moverse desesperado. Sentía cómo hacía fricción en mi punto y cada vez me mojaba más. Sentia mis fluidos salir con cada embestida que me daba. Mis gemidos salían a más no poder. Sabía que mis compañeros me escuchaban, no le di importancia ya que ellos andaban en lo mismo.

Me di la vuelta sobre él y quedó de espaldas, haciendo un delicioso jinete invertido. Podía sentir cómo la cabeza de su pene tocaba mi punto G y me hacía llegar a montones. Lo cabalgué durante un buen rato mientras me tocaba los senos y él jugaba con mi cola, dilatando mi año con sus dedos. Cada vez sentí mi cuerpo más caliente, a punto de llegar a un delicioso orgasmo. Me levanté y él me puso en cuatro. Metió su pene en mi boca, me penetró completamente, dejándola toda dentro de mi boca hasta la garganta. La metía y sacaba con rapidez. Yo me deleitaba con su sabor, y el mío se fundía en uno solo. Mis gemidos eran callados con su pene dentro de mi boca. A lo lejos, empecé a escuchar a mi compañera gemir en la sala. Solo esperaba que no despertaran a mi esposo, aunque se había excedido en copas, podría despertar si no cuidado tenían y no quería dejar de sentir placer con el compañero de él.

Después de unos minutos de penetrar mi boca, me dio la vuelta. Bajé mi pecho y mi cola quedó toda a su disposición. Puso su pene en mi entrada vaginal y la metió completa. Me tomó del pelo y me nalgueaba cada vez que me penetraba. Sentía cómo mi cola estaba caliente y sus testículos chocaban contra mi monte de venus. Mis fluidos mojaban mis piernas y sus testículos. Me daba duro mientras su dedo pulgar entraba en mi año, haciéndome deleitar de placer. Luego metió dos dedos, me hacía sentir completa, llena de placer. Él sabía moverse y hacer que me mojara cada vez más y más. Aceleró los movimientos y sintió cómo mis paredes se contraían, apretando cada vez más su pene. Sentía cada vez más. Él me penetró con más fuerza hasta que solté un gemido y un fuerte chorro salía de mí. Desde que comencé mi vida sexual, es el segundo hombre que me hace llegar de tal forma, haciendo un rico squirt , mojándolo completamente. El chorro no dejaba de salir, ya que él cada vez me penetraba más y más. Sentía cómo salía sin poder contenerme.

Me dejé caer en la cama, completamente exhausta y complacida. Él me dio la vuelta y se masturbó sobre mí hasta que eyaculó sobre mis senos y cara, haciendo que me comiera un poco de su semen. Se levantó y vi que no tenía sus pantalones; en qué momento se los quitó, no supe. Se los puso, se acercó a mí y me dijo: «Hermosa, qué rico cómo me llenas de deso. Espero que vuelvas a invitarme a una fiesta, esto queda entre vos y yo». Me dio un beso y salió.

Yo me quedé en la cama un rato hasta que escuché que alguien venía. Me levanté y me puse una bata. Pensé que era mi esposo, pero eran mis compañeros. Entraron y vieron el desorden, la cama mojada y mi cara de recién penetrada. Ellos no se quedaron atrás, se vio que habían disfrutado de la noche. Me comentaron que mi esposo seguía durmiendo y que ya se iban.

Al otro día, mi esposo se levantó y fue a la habitación. Me despertó y se disculpó por dormirse temprano. Yo con una sonrisa le dije que no había problema, que todos se habían ido y me había acostado.

SEGUINOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES

© 2025. All rights reserved.