Mi suegro, el militar retirado
Victoria, recién casada y de temperamento ardiente, vive en la propiedad familiar junto a su suegro, un exmilitar viudo. Desde el inicio, la mirada lujuriosa de él la excita.
CONFESIONES DE INFIDELIDAD
11/30/20256 min read


Me llamo Victoria, soy casada, tengo 32 años, soy morena clara, mediana de estatura, de cuerpo normal, no soy muy grande de cola , de pechos medianos, pezones rosaditos, piernas torneadas. Me gusta mucho hacer ejercicio y vestir muy sexy . Me gusta leer y ver mucho porno y, por supuesto, practicarlo. Pero hoy quiero relatarles las xperiencias sadomasoquistas con mi propio sueño .
Hace un año y seis meses me casé y mi esposo me trajo a vivir al terreno familiar. Es un terreno algo grande con una casita al frente y un departamento al fondo, donde habita mi suegro , un exmilitar retirado viudo de 56 años. A pesar de ser una persona muy amable y servicial, además es muy guapo. Su lado oscuro está en el sexo. Desde que vine noté que, a pesar de su amabilidad, siempre me miraba lujuriosamente, cosa que para una mujer temperamental ( caliente ) como yo era muy excitante. Me encantaba sentir su mirada morbosa en mis piernas y mi trasero o posada sobre mis tetas . Yo me hacía la que no me daba cuenta y más de una vez terminé masturbándome pensando en él. Hace unos meses mi esposo fue enviado de partida a la zona limítrofe. Mi esposo es gendarme, o sea, en ocasiones está destinado al cuidado de la frontera. Cuando él sale de partida, dura a veces hasta un mes fuera de casa. Con mi suegro convivo tres veces al día: durante el desayuno, la comida y la cena.
Habían pasado algunos días que mi marido se fue y yo andaba con la vagina muy caliente. Cuando vi a mi suegro entrar con una señora a su departamento del fondo, no es difícil pensar qué iban a hacer. Dejé un ratito que pasara y fui a espiarlos. Mi fin era ver en vivo a mi suegro en acción y, ya excitada, me acerqué sigilosamente al departamento y empecé a buscar la manera de espiar, encontrando una rendija entre la puerta y el marco. Nerviosamente me asomé y lo que vi me llenó de excitación y un morbo jamás sentido: la señora estaba colgada de las manos, parada de puntitas, con la boca amarrada con un pañuelo, y mi suegro le colocaba pinzas de ropa en las tetas y vagina , y de vez en cuando le daba sonoras cachetadas. La cara de la señora estaba distorsionada de placer y de lujuria mientras que entre mis piernas escurrían mis líquidos vaginales abundantemente. Mi cuerpo se estremecía de un placer difícil de relatarles, sentía que me venía a cada rato. Mi suegro empezó a golpear con un cinto las nalgas de aquella mujer. Yo, desde mi lugar, veía cómo se le iban enrojeciendo, mientras gritos ahogados de dolor salían de aquella boca amordazada a cada cintazo. Yo sentí alcanzar nuevas venidas . Ya mi vagina estaba hecha agua y mis piernas las sentía empapadas. Con decirles que me metía los dedos hasta el fondo mientras mi suegro castigaba a su amante y yo mentalmente pedía que le diera más duro. Después de ser duramente castigada, vi cómo mi suegro le hacía el sexo de una manera dura, violenta, sin compasión, mientras ella, ya con la boca desatada, pedía más y más. Yo me derramaba en un multiorgasmo que jamás había logrado tener. Casi desfallecida me fui a mi habitación, me tiré en la cama respirando agitadamente. Casi toda la noche me la pasé despierta, excitadísima, masturbándome y repasando lo visto.
A la mañana, sabía que mi suegro vendría a desayunar. Como de costumbre, preparé el desayuno y me metí a bañar. Quería que mi suegro me sintiera recién bañadita. No terminaba de bañarme cuando oí la voz de él dándome los buenos días. Desde el baño le contesté que ya iba. Me puse un cortito corto y muy ligero, sin ropa interior, y una blusa de tirantes que remarcaba mis pezones, y unos zapatos de taconcito alto. Desde que salí, mi suegro me barrió con esa mirada lujuriosa que tanto me gustaba. Mientras nos saludábamos de besito en el cachete, entré a la cocina a buscar el desayuno y al servirlo me incliné para que pudiera ver mis tetas . Él, sin ningún recato, me las vio, haciendo que mis pezones se empezaran a poner duros, resaltando más debajo de mi blusa, en lo que terminaba de servir el desayuno.
Me empiné para que mi suegro me viera a sus anchas mis piernas y mi culo que con trabajos cubría mi short . Mi suegro se levantó de la silla y se puso atrás de mí. Yo lo sentí, pero yo hice la que no se dio cuenta. Al voltear quedamos de frente, mis pezones durísimos se notaban a través de la blusa. Él me tomó de la cintura y me preguntó:
— Caliente ¿Estás, cosita?...
Yo, casi loca de placer, le dije:
—Mucho, estoy mucho, muy caliente.
—Desde que te vi, sabía que eras muy caliente, se te nota en la cara —me dijo, mientras miraba mis labios para besarme.
Nos besamos ardientemente, mientras él me despojaba de mi blusa, dejando mis tetas al aire. Me empezó a chupar mis pezones ya morderlos ricamente mientras sus manos apretujaban con fuerza mis nalgas.
—Solo hay un detalle —me dijo—. A mí me gusta el sexo duro, fuerte, con palabras obscenas.
Sin querer, le dije:
—Sí, lo sé.
Él me miró sorprendido y me dijo:
—¿Cómo lo sabes?
Sin dejarme opción, le confesé lo que había visto la noche anterior.
—Eso merece un castigo —me dijo—. Vamos a mi departamento.
En cuanto entramos, me tomó fuertemente por el cabello, haciendo que me hincara a pedirle perdón por haberlo espiado, mientras me escupía dentro de la boca. Eso me tenía excitada y apenas comenzaba conmigo. De un tirón arrancó mi short , dejándome completamente desnuda. Arrastrándome del cabello ya gatas, me llevó al centro de la habitación, donde la noche anterior había castigado a la otra. A mí me amarró las manos por atrás de mi espalda y empezó a jalar la soga que corría por una ruedita que estaba colgada en el techo. Yo sentí que me desprendía mis brazos, pero aquel dolor me provocaba un placer máximo, inenarrable, de locura. Me fue subiendo hasta que mis pies quedaron solo sostenidos por las puntas. Me podía ver en el gigantesco espejo que mi suegro tenía en la pared, mi culo estaba levantado al máximo. Lo veía a través de otro espejo, mi cara completamente distorsionada de placer, dolor, lujuria con placer y terror. Vi cómo mi sueño empezó a acercarme una vela gruesa y empezó a derramar la cera caliente en mis tetas hasta dejarmelas totalmente cubiertas.
—¡Dame con el cinto! —le pedí enloquecida de placer.
Él tomó el cinturón y me empezó a darme una y otra vez, sin ninguna compasión. Mis nalgas, mi espalda, todo estaba completamente marcado cuando dejó de golpearme.
—¡Abre bien tu boca, perrita barata, para que te metas toda mi verga en ella! —me ordenó.
Abrí la boca y me la metió hasta la garganta mientras tapaba mi nariz hasta casi ahogarme. Una y otra vez me la metía, me la sacaba, me escupía dentro de la boca, la cara y me daba mis cachetadas, mientras yo tenía que pedirle, rogarle, suplicarle que me tratara más duro.
—¡Soy una basura! —gritaba—. ¡Soy la puta más puta del mundo! ¡Esta es verga , no la de mi marido! ¡Dame más, papasito! ¡Pégame, papasito!
Acompañando esto con gritos de dolor, mi suegro me lo metió por atrás, sodomizándome, sin compasión. Por lo caliente que yo estaba, se me resbalaba, adentrándose toda la verga en mi culo mientras él me nalgueaba fuertemente. En mi vagina metió lo que había quedado de la vela. No sé cómo resistí tanto hasta que llegó el momento en que quedó completamente desmadejada. Mi cuerpo se aflojó todo y perdió la noción del tiempo. No sé cuánto tiempo estuve así, hasta que logré recobrar la conciencia. Estaba recostada en mi recámara mientras mi suegro me ponía agua calentita en las marcas de los golpes y me miraba con una ternura que jamás había sentido en nadie.
—Perdóname —me dijo, mientras acariciaba suavemente mi cabello y besaba la comisura de mis labios.
—Yo me lo busqué —le contesté tímidamente, mientras lo abrazaba. Mi mente no comprendía a ciencia cierta lo que estaba pasando. De un momento a otro, todo había cambiado. De aquel ser sádico, sin piedad, ahora era el hombre más cariñoso del mundo.
Han pasado ya algunos días y hemos seguido teniendo relaciones sexuales mi suegro y yo, y la verdad me encantan. Aprovecho las ausencias de mi marido para estar con él y estamos esperando una ausencia larga de mi marido para volver a sentir el extraño placer del sadomasoquismo que me llevó a enloquecer de placer y de dolor, haciéndome gozar al máximo. Creo que te amo, suegro .
